Fidel: una huella indeleble

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En agosto del año 1987 la ACLIFIM organizó su Primer Congreso. A la sesión de clausura asistió Fidel. Para todos los que estuvimos presentes fue una experiencia inolvidable porque con su característica capacidad de indagar en los problemas, y sobre todo, en la búsqueda de soluciones a los mismos con independenia de las dificultades que había que enfrentar, quiso escuchar de viva voz de las personas con discapacidad cuales eran nuestras preocupaciones y cómo el Gobierno podía ayudarnos a enfrentarlas.

Orlando Iglesias Labrador, ya fallecido, fue delegado a ese Congreso y a solicitud mía me envió sus impresiones de la presencia de Fidel ese día. Quede este testimonio de Orlando como homenaje a una huella siempre latente en el corazón de su pueblo:

“Para alcanzar los objetivos para los que fueron creadas las Asociaciones la celebración del I Congreso de la ACLIFIM fue punto de partida para lograr la finalidad de los mismos.

Para la ACLIFIM, creada el 14 de marzo de 1980, pasado 7 años no se había podido concretar las metas que supuestamente se debían en ese período de tiempo. Sin embargo, una vez transcurrida la tarde del 20 de agosto de 1987, en lo adelante todas las cosas fueron diferentes. Cabe señalar que el éxito de ese Congreso se obtuvo a partir de la comparecencia del Comandante en Jefe Fidel castro Ruz en la sesión de clausura de éste.

Alrededor de las 4:00 PM de ese día, hizo acto de presencia en el local de la escuela “Boris Luis Santa Coloma” de La Habana, que fue sede de este evento.  No por esperado dejó de ser impactante este momento para todos los presentes que por primera vez lo teníamos tan cerca. Se sentó en su silla. Todos los que vivimos esta experiencia lo recordamos  así, visiblemente cansado, seguramente por las tantas horas de insomnio dedicadas al trabajo. Nos comentó entonces que aunque acababa de llegar, había estado al tanto de todo lo acontecido en el desarrollo del Congreso, pero que nada sustituía el intercambio directo con los delegados. Esas palabras incentivaron al auditorio para el intercambio de impresiones y de nuevo se repitieron planteamientos que habían sido formulados anteriormente, de los cuales no en  todos se avizoraba una solución en breve plazo.

Problemas medulares como la fabricación y diseño de las sillas de ruedas, provocaron el diálogo entre el Comandante en Jefe y el funcionario que representaba en aquel momento la fábrica de esta ayuda técnica adaptada para permitir el desplazamiento de las personas cuya discapacidad no le permite hacerlo de otra manera que radicaba en Caibarién, a quien pidió una explicación sobre la calidad y diseño de las mismas, cuando al parecer no había consenso entre ambos, preguntó a éste: _¿si tu fueses el que iría a usar esas sillas, cómo te gustaría que fueran? Dada la respuesta por el ingeniero, replicó: entonces por qué perder tiempo en esta discusión: hágalas como si fueran para Ud. mismo. Y como Fidel no se convence fácilmente, pudimos presenciar como una vez finalizada la sesión de clausura, en una de las salas contiguas, donde se exhibían varios tipos de sillas de ruedas, el Comandante en Jefe se sentó en varias de ellas para comprobar por sí mismo cual de ellas podría ser la más idónea como medio de ambulación de un discapacitado. Aquel momento fue realmente impresionante, al igual que lo fue para mí otro que sucedió al final de la sesión cuando departió con los delegados, en el caso específico con la delegada Milagros Mackenzie Iznaga, presidenta en aquel entonces de la provincia de Guantánamo, a la cual le faltaban los miembros superiores y se valía de los inferiores para realizar la mayoría de las acciones elementales que podía. Ella le escribió con su pie izquierdo a modo de recuerdo una dedicatoria al Comandante Fidel. Mientras escribía, él inclinado hacia adelante observaba atentamente como lo hacía. Yo que estaba a su lado le miré al rostro y tuve la sensación de que sus ojos brillaban por la admiración de cuanto puede hacer una persona cuando la voluntad es mayor que la discapacidad para abrirse paso en la vida.

Varias anécdotas podría contar de ese día, pero faltarían palabras para expresar la emoción o los sentimientos que me embargaron durante su estancia en ese histórico I Congreso. Considero que el Comandante en Jefe se llevó una impresión clara de cuanto más se podría hacer por los discapacitados en Cuba, por lo que impartió orientaciones a altos niveles que redundaron en hacer posible un mayor apoyo de los organismos y entidades de país  para la solución de nuestros principales problemas. Es por ello que para mí  las Asociaciones tuvieron un antes y un después a partir de la presencia de Fidel en el I Congreso de la ACLIFIM.”

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