Una carta histórica: Fidel al III Congreso de la ACLIFIM

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En junio del año 1999 celebramos el tercer Congreso de la ACLIFIM.Estaba terminando la década de los noventa, compleja y desafiante para todo el pueblo cubano, debido a la contraccion económica y la necesidad de introducir cambios en la sociedad que implicaban consecuencias no deseadas.

A mediados de esa década, por orientación de Fidel se había creado el Consejo Nacional de Atención a las Personas con Discapacidad con el propósito de evaluar sistemáticamente las políticas que debía adoptar el Estado, en medio de esas difíciles circunstancias, para continuar apoyando a las personas con discapacidad.

Debido a compromisos inaplazables Fidel no pudo asistir al Congreso pero nos envió una carta trascendental que evidencia su extraordinaria sensibilidad y visión hacia las condiciones de vida y la atención que debe ofrecer el Estado para apoyar la integración social de las personas con discapacidad. Considero que su contenido tiene plena vigencia en las condiciones actuales

CARTA DE FIDEL III CONG. ACLIFIM

 

AÑO DEL 40 ANIVERSARIO DEL TRIUNFO DE LA REVOLUCIÓN.

Carta de Fidel al III Congreso de la ACLIFIM.

La Habana, 26 de Junio de 1999

“Año del 40 Aniversario del Triunfo de la Revolución”.

 

Queridos compañeros de la

Asociación Cubana de Limitados Físicos Motores.

 

Otras tareas me imposibilitan, como hubiera querido, estar con ustedes en el III Congreso de la combativa Asociación de nuestros limitados físicos- motores, pero me he mantenido informado no solo de los preparativos y del desarrollo de sus jornadas, sino también de cuanto se ha logrado en los cinco años transcurridos desde el congreso anterior.

No es para ustedes un secreto la permanente voluntad de nuestro Estado socialista de proteger a los grupos más vulnerables de la población, pese a las condiciones en que hemos enfrentado casi 40 años de criminal bloqueo imperialista, recrudecido en estos tiempos de período especial. En este contexto la atención a las personas con alguna discapacidad ha constituido, constituye y constituirá una de las acciones más enaltecedoras  emprendidas en aras de su integración y participación en la sociedad que juntos edificamos, transformamos y defendemos.

También ustedes saben que lejos estamos de que sea la caridad, como ocurre en otros confines del planeta, lo que caracteriza esa atención, y el empeño que se pone en satisfacer sus necesidades. Es la moral, es la solidaridad, es el humanismo propios de la revolución lo que los sustenta; es el interés de que cada discapacitado pueda ser y sentirse útil.

Ahí están los programas de salud, los de la educación especial, los de asistencia social, los que más recientemente, luego del histórico I Congreso de la ACLIFIM, fue promoviendo y consolidando el Gobierno en función de resolver el justo reclamo de ustedes de contribuir a garantizar las conquistas sociales de la Revolución.

El mundo vive hoy tiempos cruciales. La mayoría del 10 por ciento de la población universal que se calcula padece de alguna discapacidad, es sin duda la que más sufre las nefastas consecuencias de la globalización neoliberal que se ha impuesto y que cada día suma nuevas víctimas a su saldo de pobreza, analfabetismo, insalubridad, dolor y muerte. Para esos millones de personas poca o ninguna es la esperanza, aunque hipócritamente mucho se presuma de respeto por los derechos humanos.

Ustedes no correrán la ingrata suerte de sus semejantes en otros lugares de la Tierra, en mucho de los cuales ni siquiera tienen organizaciones como la ACLIFIM o sus asociaciones hermanas, la ANCI y la ANSOC, para luchar por sus derechos. Ustedes no tendrán que recurrir a reivindicaciones elementales en su congreso.

Sus planteamientos son otros, sus deliberaciones son otras: para ser más útiles, para aportar más, para cerrar filas y marchar más unidos que nunca junto a la Revolución. De eso he sabido y puedo asegurarles que nos sentimos orgullosos de contar con la pujante fuerza que ustedes representan.

Seguiré de cerca los resultados y acuerdos del Congreso. Tengan la certeza de que lo único que impedirá que se avance con mayor celeridad en la solución de sus problemas serán nuestras actuales limitaciones materiales, pero sepan, asimismo, que encontraremos fórmulas para resolverlos y responder a la confianza en la Revolución que ustedes siempre han demostrado.

Su voluntad a toda prueba y su inclaudicable espíritu revolucionario son un estímulo para todos nosotros.

Fraternalmente,

Fidel Castro Ruz

 

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