Como cada año, de acuerdo a mis posibilidades, trato de visitar la Feria del Libro. Es un gusto que me doy, y también un disgusto.
El gusto está dado por la posibilidad de adquirir libros de mi interés; el disgusto se relaciona con las dificultades que encuentro para desplazarme con mi silla de ruedas, en un terreno adoquinado: termino agotado.
Se puede pensar que es un mal inevitable, pero yo no lo veo así. En la entrada existe un área pavimentada (aparezo en la foto) que facilita el desplazamiento en la silla de ruedas, en el interior todo es adoquinado. Me pregunto si no se podría pavimentar una senda que permita bordear el inerior del recinto y permitir el desplazamiento en silla de ruedas a los distintos pabellones con mayor facilidad.
Adicionalmente el área de servicios sanitarios también tiene barreras; no digamos sólo el escalón en la entrada sino también el acceso directo al servicio santario que no permite acomodar la silla de ruedas, a pesar de que existe espacio para realizar la modificación.
La cultura de la accesibilidad todavía es una asignatura pendiente, incluso en un medio culto. Es así.
Veamos la fotos




