Los prejuicios, las personas con discapacidad y…..la guagua que nos deja afuera.

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Los prejuicios, las personas con discapacidad y…..la guagua que nos deja afuera.

El pasado 30 de septiembre fue publicado en Cubadebate una nota de un lector que observó horrorizado, cómo un chofer del ómnibus No. 5550, de la ruta A40 se negó a abrir la puerta trasera del ómnibus para que una joven usuaria de silla de ruedas pudiera montar,  sus compañeros de estudio la iban a ayudar; esta acción provocó el rechazo unánime del resto de los pasajeros, pero el chofer continuó su camino sin hacer caso a los reclamos.

Para mí, usuario de silla de ruedas de larga data, esta experiencia no me resulta ajena, bien sea de una forma tan brutalmente evidente como de manera más sutil y encubierta, durante mi vida he enfrentado diversas situaciones que en su manifestación palpable son expresión de prejuicios raigales y discriminación por motivo de la discapacidad. .

Como se conoce y es aceptado en nuestro mundo globalizado e interconectado,” la discapacidad es un concepto en evolución que resulta de la interacción entre las personas con deficiencias y las barreras debidas a la actitud y al entorno que evitan su participación plena y efectiva en la sociedad, sobre una base de igualdad  con los otros”. Este concepto reconocido por la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de una forma directa plantea  un problema presente en la sociedad con independencia de su desarrollo económico y social, fundamentado en prejuicios transmitidos de generación en generación.

Las actitudes y el entorno conforman un dueto que al establecer su sinergia negativa se convierten en rechazo al otro, falta de oportunidades, desigualdad, menosprecio y otras expresiones que desconocen la dignidad inherente a seres humanos que deben enfrentar la vida en condiciones diferentes por las afectaciones a sus estructuras y funciones corporales debido a las más diversas causas, y de las cuales nadie está excluido de vivir similar experiencia.

Digamos que el chofer de la guagua de marras no podía situarse en la realidad física de la joven que esforzadamente intenta superar las barreras que debe enfrentar, y que estoy seguro no sólo se limitan al acto de montar en un ómnibus, no podía hacerlo porque la representación mental que él tiene de una silla de ruedas, tal vez, sea de desgracia, dificultad, carga y sobrecarga, y no podía hacer más que defender su espacio laboral para no perder el tiempo en tender una mano solidaria y ayudar a la joven a vencer esa barrera, en ese momento. No es mi interés abundar en su subjetividad, pero para comportarse de esa forma no me cabe dudas que su visión sobre las personas con discapacidad está saturada por el prejuicio.y la conmiseración.

Pero, ¿y el entorno? Cuál es la responsabilidad de nuestra sociedad en propiciar un entorno accesible y asequible para las personas con discapacidad. No podemos culpar sólo al chofer por su actitud negligente, me pregunto si algún periodista conoce que existe una Norma sobre Accesibilidad del Transporte Público que establece, desde al año 2006, la obligatoriedad de que el transporte público, paulatinamente, vaya modificándose para hacerlo accesible para las personas con discapacidad. ¿Y las barreras arquitectónicas,  que integran el panorama habitual de obstáculos a superar por las personas con discapacidad en los más diversos espacios públicos?

A nivel individual las personas con discapacidad enfrentamos, y enfrentaremos las más diversas actitudes de rechazo o menosprecio en el cotidiano vivir, sólo la cultura y sensibilidad sobre este fenómeno social puede ir eliminando paulatinamente esos comportamientos, pero es necesario el accionar de un marco legal que establezca la configuración de un entorno accesible facilitador del surgimiento de una nueva conciencia social.

Nuestro pueblo es muy solidario , eso también lo he comprobado en mi experiencia personal, pude estudiar en la Universidad de La Habana y vencer las barreras de las edificaciones donde se impartían las clases por la ayuda constante y sin condiciones de mis compañeros que cargaban mi silla de ruedas para superar ese obstáculo, de igual forma la joven de la historia podría subir al ómnibus por la colaboración de sus compañeros de estudio, pero es necesario ir más allá, tal como establece la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de la cual Cuba es un Estado Parte: se deben hacer los “ajustes razonables” que correspondan para facilitar la accesibilidad en su sentido más amplio.

No permitamos que la guagua de los cambios en nuestra sociedad deje afuera, por omisión involuntaria, al sector de las personas con discapacidad. ¡Incluyámoslos! Este es el momento de incorporar a nuestro marco legal, en el contexto de la nueva Constitución, una Ley que contribuya a ese objetivo.

 

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