La pasada semana visité el centro recreativo Río Cristal, en el municipio Boyeros. En La Habana se han emprendido acciones de reparación y remodelación de diversas instalaciones recreativas, culturales y deportivas. Río Cristal fue una de ellas el año pasado, de modo que ahora se cumple un año.
Siempre me asaltan dudas cuando se realizan estas acciones de reparación, ¿tendrán en cuenta la eliminación de las barreras arquitectónicas?, ¿existe algún monitoreo al respecto para que se cumplan las Normas Cubana de Accesibilidad en el espacio construido?, ¿la ACLIFIM (Asociación Cubana de Limitados Físico-Motores )participa de alguna forma o es consultada?
Con estas interrogantes a cuestas visité Río Cristal y lamentablemente comprobé que, una vez más, mis preocupaciones estaban fundadas. Es una pena que las autoridades a cargo o no conozcan la legislación sobre el tema o, simplemente, no la respetan sin mayores consecuencias.
Como se ve en las fotos existe una “rampa” para el acceso a la piscina, pero su grado de inclinación es tal que una persona usuaria de silla de ruedas debe ser asistidad de forma inevitable. La “rampita” que va del pavimento a la acera es burda; aparentemente estas “soluciones” de rampas fueron concebidas para desplazar “bultos” sobre ellas, es decir, aseguramientos diversos para el uso de la piscina. ¡Entre esos bultos nos incluyeron a nosotros!
En el restaurant existe un servicio sanitario, pero (ah, los peros de siempre), para acceder al área donde están estas facilidades elementales, es necesario cruzar un pequeño saloncito el cual tiene una puerta de doble hoja que tiene un pequeño pestillo que sobresale de tal manera que ¡oh barreras! no es posible abir la puerta porque tropieza con el nivel de piso inferior y con una sola hoja abierta no es posible que pase una silla de ruedas.
Los baños públicos (o mejor dicho para una parte del público aunque se supone que las personas con movilidad reducida podemos formar parte de ese público, ¿o no?) están ubicados en un nivel alto, como los ven en la foto y totalmente inaccesibles.
Una pequeña tienda donde se ofrecen productos varios, no tiene rampa.
El pavimento para desplazarse es adquinado lo que genera muchas dificultades para una silla de ruedas, no existe una solución alternativa para facilitar esta movilidad.
Este centro recreativo está situado cerca del Hospital Nacional de Rehabilitación Julio Díaz y la Escuela Solidaridad con Panamá (que atiende a niños con movilidad reducida desde primero a noveno grados) pudiera ser útil para el esparcimiento tanto de los pacientes del hospital como para los niños de la Escuela sin embargo estas dificultades de accesibilidad los pueden desanimar y decepcionar un poco en su disfrute.
La Habana cumple 500 años de fundada el año próximo y muchas de estas reparaciones se realizan con el ánimo de embellecer y ofrecer opciones recreativas y culturales a la población, sin embargo si no se tiene en cuenta la accesibilidad se está cometiendo un error que le restaría brillo a tan buenos propósitos.
¿Y la gastronomía?: sin comentarios.
Mientras tanto traté de disfrutar el entorno.





